viernes, 26 de junio de 2009

Junto a una fuente

I

Una estaba en la tierra.
Otra, en el agua.
¿Cuál de las dos —me dije—,
la que fluye sin pausa
o la que firme ahonda
en sus raíces?
En la tierra ella estaba,
ella estaba en el agua.
Yo miré hacia otra parte:
miré hacia el firmamento
para no equivocarme.



II

Miré hacia el firmamento.
El cénit suave
contrastaba sus grises opulentos
con la triste paleta de mis ojos.
Dime tú. Dónde tú.



III

Dime dónde estás tú,
dime quién eres.
¿Eres tierra? ¿Eres agua?
¿Son tus labios
los labios que me queman?
¿Son tus besos
la fuente que me alivia?
Una voz me responde:
—Soy tu sombra,
acércate y verás…




IV

El árbol hoy se me llenó de trinos.
El cielo todo se me llenó de azul.
Del arroyo cercano
una pregunta fluye sin descanso:
¿Dónde tú, dónde tú?
El árbol, generoso, acude presto:
—Estoy aquí, contigo.



V

Ya sé quién eres, siempre supe
el lugar en que estabas sin saberlo:
todo lo que me fluye,
todo lo que me ata,
fuente, estrella fugaz,
agua y tierra, también
airado fuego. Todos
los elementos, todos
los puntos cardinales,
la rosa de los vientos
eres.



VI

Una estaba en la tierra.
Otra, en el agua.
La fuente cristalina del jardín
me mojaba.

2 comentarios:

Jose Zúñiga dijo...

Llego por casualidad a este cuaderno recopilatorio y, cataplán, me encuentro recién puesto. Esto es suerte!
Gracias, Rafael.

Rafael Arenas García dijo...

Hola Jose,

gracias a ti. La verdad es que desde hace tiempo quería ir poniendo cosas tuyas aquí, pero no me veía con la confianza necesaria como para hacerlo, no te fuera a molestar. Ahora sin embargo, tenía la impresión de que no te importaría. Me alegro de haber acertado.
Un abrazo.