LA MUJER PANTERA 2008
Ella dibuja enloquecida las cartas astrales
de las panteras. No dejes que nadie diga,
y lo diga para tu vergüenza, que todo
aquí era bello hasta que tú llegaste.
No he conocido nunca a ninguna artista
en cuya garganta los besos se acumulen y necesite
desde su ventana rugir al lubricán para aliviarse.
Aunque muera el mediodía y la tarde sorda piedra
sea, a su lado suena esa sonata de diablos
originada en el corazón mecánico de Serbia,
violonchelos expandidos en su pecho de Irena
Dubrovna.
Tomar el té con las panteras
rodeados por nuestras propias sombras de manglares,
los tramoyistas somos que surten de escenarios,
los marineros que anudan en una bola amor y miedo.
Ella tararea la misteriosa, anestésica canción
de himplar enamorado. Las panteras y las mujeres
gritan de manera similar. En la íntima oscuridad
con un gato sueñan ensartado en una espada. Celebran
misas en su honor los malvados poemas. Leyendas
perdidas en nuestras bocas si no besan, eso no es
una historia de amor sino pasión, maullidos
de una mujer que con su sola presencia
descompone las estrofas, aterroriza mis versos.
El corazón del canario no resiste su mirada.
Tomamos café en El Belgrado,
mas no dejo de creer que ella es mujer extraña
como cualquier golondrina
bajo el melodrama de las esquinas lluviosas,
oscura y disipada cual profecía.
Mientras exhibe sus retráctiles caricias
el impulso sexual bajo su vestido negro,
reloj de volcánica arena su cintura,
devora la fiera al canario muerto.
Cuando se enamora en pantera se transfiere,
si la beso, araña,
si me acerco ronronea. Mas me fortalezco
en el hipnotismo de su ausencia, la creencia
cobarde de que únicamente existió en los trasteros
del deseo, las psíquicas necesidades, las discordias
del gramófono que me repite: Usted teme
a la pantera pero se ve atraído por ella.
Escucho el sonido de los pasos de su silencio,
como el crótalo de un chamán, el tantán
de un sacrificio. Las huellas de las zarpas lentamente
se transforman en la de sus pies desnudos saltando
sobre temblorosa hoguera.
http://lacomunidad.elpais.com/valdemar-canaris/2008/11/15/la-mujer-pantera

4 comentarios:
Rafael, muchas gracias por compartir este excelente poema con nosotros.
Nada como el amor felino para sentirse vivo de verdad. Zarpas que se transforman en pasos, el lado negro del amor que deja de serlo temporalmente. ¡Así da gusto morir y querer!
Paz, amigo, y que tengas un magnífica semana.
Daniel.
excelente tu poema.abrazos
Hola amigos "67 daniel" y "mi despertar". El poema no es mío -ya me gustaría- simplemente lo encontré en el blog de Valdemar Canaris, cuya dirección consta en la entrada.
Saludos, paz y abrazos para los dos.
Rafa, la verdad no conocìa el poema, que bien vale la pena...es hermoso..
Recibe un saludo...
Publicar un comentario